miércoles, 4 de abril de 2012

Naturaleza de uniforme


 Imagen: Periódíco Página Siete

La sumisión es una enfermedad contagiosa, que se propaga mientras más crece el poder de un gobernante. Mientras menos uso del pensamiento propio hay, mayor grado de sumisión se genera. Kant había reflexionado en gran medida sobre la capacidad y la libertad para hacer uso de la razón. Él distinguió dos clases: El uso público de la razón y el uso privado de la misma. También escribió sobre quienes, por un cargo específico y ocupaciones concernientes al interés de la comunidad, no les está permitido razonar; sólo obedecer, y entre ellos ubicaba a los militares.
Lejos de ser una disculpa o una justificación para obrar obedeciendo los designios más infames o erróneos, esta reflexión nos pone en cuenta sobre la condición misma de la institución castrense y sobre lo que de ésta puede aguardarse.
En Bolivia, como en gran parte de Sudamérica, no debe esperarse de los mandos militares un ápice de dignidad o muestra de completo respeto a la democracia real y a las leyes, mucho menos a derechos fundamentales (hecho sobre el cual ya me he manifestado en otro texto: http://www.andrescanseco.blogspot.com/2010/09/botas-maniaticas-y-torturadoras.html).
Resulta vano esperar signos de real cultura que se imparta en las Fuerzas Armadas, el único campo en que se esmeran es en la historia, lógicamente en una historia bastante amañada. Simplemente el sonido de unas botas y cómo buscar intimidar con ellas y con otros métodos habrá de ser la única técnica en la que se crearán formas de especialización. Obviamente el uso de la crítica y el cuestionamiento está fuera de todo contexto en los cuarteles; es más, los individuos que han pasado por estos lugares quedan adiestrados para la sumisión aun después de haber fenecido su tiempo de instrucción. ¡Qué hay más beneficioso que seres obsecuentes que salgan producidos de las Fuerzas Armadas! Una vez más recurro a Kant: "El oficial dice: ¡no razones, adiéstrate!"
Es normal la existencia de sujetos que tengan fantasías heroicas y de todo tipo vestidos de camuflado, sin embargo, es una total sandez pensar que todos los hombres estén predestinados y obligados a cumplir la nefasta labor de prestar el servicio militar sin poder oponerse. Tamaña torpeza es sólo comparable con aquella de que los miembros del ejército deben ser tratados con pleitesía y con abundante admiración de la ciudadanía.
Las mentiras de la defensa de la patria, de la capacidad de forjar "hombres" en su seno, de la hazaña de recuperación del mar, de un pasado glorioso y la falacia romántica de una muerte envuelto en una bandera por la patria, junto con otras patrañas, sirven para distraer, justificar y cubrir abusos —que llegan a veces hasta muertes de conscriptos—, asesinatos en represiones, corrupción, misoginia, discriminación y un cúmulo de atrocidades cometidas por el ejército.
El ataque a la razón en este país llega al punto en que para ocupar un puesto, o para postularse a una elección, se exige una libreta de servicio militar, mas no es necesario siquiera haber cumplido con un nivel mínimo de educación en la escuela. Al parecer, para el estado boliviano, mientras se haya portado un uniforme y pasado horas escuchando gritos bajo el sol realizando flexiones, no hace falta siquiera ser bachiller, inclusive si el propósito es llegar a la Presidencia.
Por estas razones y algunas otras más, escandalizarse porque altos mandos del ejército participen en actos del Movimiento Al Socialismo descaradamente o porque convenientemente en estos años se autoproclamen anticolonialistas, antiimperialistas y anticapitalistas, equivale a pensar que en algún momento fueron dignos de respeto y esperanza... para mí nunca lo fueron.
Medallas y distinciones son ahora cubiertas por ponchos y otras muestras típicas; de la misma manera que los crímenes de dictaduras se ocultan con un infame "obedecíamos órdenes". Sacar a relucir un paso marcial cada 23 de marzo y 6 de agosto sirve para distraer a incautos ciudadanos, que éstos miren militares con admiración, y que no recuerden que esas mismas notas de marcha acompasaron atentados contra la democracia y delitos por montones.

Ser realista: siempre habrá un "bono" más para el militar que sea partidario del gobierno, siempre habrá un misógino más con medallas, siempre habrá un militar abusivo más, siempre habrá un patriotero recalcitrante más (civil o militar) que glorificará los uniformes; pero eso no quiere decir que tengamos todos que retornar a épocas en que unas botas locas y fusiles viejos se den el lujo de oprimir conciencias y creerse impunes aliándose a gobernantes con vocación autoritaria sin ser cuestionados y merecedores del repudio de quienes no toleramos esas abyectas prácticas.

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