viernes, 16 de septiembre de 2011

En el afán de romper septiembre

Ni paraíso ni el mejor lugar.

No esperen felicitaciones, no aguarden muestras de apego excesivo a símbolos ni a manifestaciones de corte típico. Como siempre manifiesto: hay otros muchos que usan sus plumas y teclados para esa labor.
Lo mío hoy tiene otra intención, hoy se trata de cumplir funciones que varios han despreciado. Se trata de abrir los ojos, pero más aún la mente. Se trata de bajar de las nubes y de pedestales ficticios a quienes piensan o creen que este lugar es un dechado de virtudes o un paraíso terrenal sin mancha. Detrás ―o mejor dicho "junto a"― las cosas positivas, agradables y sanas que puede encontrarse en este pedazo del globo, hay una plétora de ofensas a la razón, de ataques a la decencia, de muestras de insensibilidad humana y de desdén completo por la cultura, que pueden escandalizar a los que todavía podemos ver.
Para empezar (sí, sólo para empezar), la superficialidad corriente ha corroído a la sociedad cruceña, se ha decantado en su manifestación a través de espectáculos mediáticos y callejeros, que a título de "espectáculos" promueven la vulgaridad y el desenfreno a manos llenas. No busco corregir a los ejecutantes o a los que gozan de los mencionados eventos, sin embargo sí me estremece la ira cuando se cortan calles y  avenidas de la urbe para acaparar multitudes ante cualquier show de mala calidad. Este tipo de comportamientos malsanos se acrecenta de manera peculiar en el llamado carnaval.
Me turba la paciencia ver el armado del escenario o el desfile previo en los "mañaneros", tragarme las expectativas del show en el informativo meridiano, ver la transmisión en vivo en el noticiero central y el resumen de lo mejor en la "revista nocturna". Los canales de televisión terminan repitiendo más veces el nombre las modelos en la pasarela o del grupo musical más que las idioteces, ilegalidades y atropellos que cometen todos los niveles de gobierno (¿Casualidad?).
El mundo "social" y de la farándula cruceña es de lo más repugnante. No basta con una barata postura de chicos y chicas "populares" que piensan que son intocables, que creen están por encima de la ley, que viven con la ilusa idea de que media ciudad debe reconocerlos en la calle y ocuparse de sus existencias; sólo porque salen a un "boliche de moda" o porque son conocidos de los "relacionadores" de un lugar de existencia efímera. Encima de eso, tenemos que soportarlos en programas que han infestado la programación de televisión nacional (una razón más para no verla), programas construidos con formatos desagradables, abusando de ordinariez y de una sistemática muestra de cómo se llevan los chismes en un pequeño pueblo. En algunas ocasiones, tanto en el mundo social como en los medios que los cubren, los protagonistas son personas llegadas de otras latitudes, que buscan galantearse y/o lucirse en Santa Cruz, mientras en otros lugares no son más que la escoria a quien no es necesario siquiera voltear a mirar.
Me perturba poner un pie en las instituciones públicas; por si no bastase con la lentitud paquidérmica con la que se realiza un trámite mientras la temperatura es superior 30º C, además hay que tolerar al individuo incivilizado que no respeta la fila o al tramitador que no es controlado por la institución y se queda viendo una docena de asuntos ajenos
Tengo un estallido de ira en septiembre, porque tengo que escuchar el sonido del chauvinismo puro entonando "Bajo el cielo más puro de América...", y a los cinco segundos volteo mis ojos y empiezan a arder porque da la casualidad de que en Santa Cruz existe una plétora de salvajes que no pueden controlar sus deseos piromaniacos y no les importa arruinar la tranquilidad y la salud de los demás individuos, mientras las autoridades cada año se sorprenden del mismo hecho, como si fuera novedad. Vergonzoso. 
Ardo y escribo con furia cuando me toca recordar a los célebres personajes y entidades que no permiten la apertura de ideas y manifestaciones culturales diversas. Primero: porque hay un cúmulo de trabas e impedimentos (para algunos), lógicamente impulsadas por la burocracia. Segundo: porque hay un puñado de retrógradas que piensa que tienen la potestad de decidir qué es cultura y qué no lo es, y de discriminar una manifestación o práctica cultural para que otras tengan más brillo. Y es que bajo nombre de "lo típico" y "lo nuestro", todo se consiente como expresión cultural: concentraciones que terminan en verbenas tóxicas rodeadas de delincuentes, sujetos perdidos en alcohol y otras sustancias, porque "es la fiesta del barrio" o "de los residentes"; sí, leen bien, los que llegan a este sitio, hacen desmanes, lucen su nivel etílico porque se acuerdan de "su tierra" y cortan avenidas tampoco son de mi agrado; son todo menos perfectos.
El tráfico, los embotellamientos; esa tortura atroz que tiene tantos matices. No se debe en muchas ocasiones a un numeroso parque automotor, sino a la falta de educación de todos los involucrados. El conductor que no conoce para qué hay una blanca línea en el cruce de una calle o avenida (¡Es para que no la pases!), el conductor de microbús que se ha adueñado de la calle y que asume que puede parar en cualquier sitio haciendo maniobras que el mejor corredor desearía aprender; eso sí, no lo hace sólo, también está el usuario que no puede caminar media cuadra al momento de subir o de bajar del mencionado vehículo. No falta el del vehículo particular que supone que todos los que vienen detrás tienen su tiempo y que vamos a esperar que el recoja a su hijo mientras para en media vía, porque no puede caminar 100 metros y bajarse de su automóvil.
La inseguridad. Salir cada día sin saber con certeza si tu casa estará igual, si tu vehículo estará donde lo dejaste, o, por último, si volverás vivo a ver a tu familia entera. Es vomitivo. Y mientras tanto, los escasos policías que hay en esta ciudad son inoperantes y se ocupan de absurdos y no hacen lo importante, ah... pero eso sí, cuando se trata de reprimir y cometer abuso de autoridad son dueños de una fiereza y fortaleza sin parangón.
La clase política, los "líderes" de Santa Cruz... de ellos sólo diré un par de cosas (les tengo reservado otro texto). Los incivilizados miembros del partido de gobierno, que cada vez son más desvergonzados, y los que se hacen llamar "oposición" que cada vez lo son menos; juro que hay instantes en que los confundo, son tan similares en sus prácticas y en sus métodos.
Pero no son los únicos, las celebérrimas bases también tienen métodos grotescos e incivilizados, como esa famosa herencia nacional del bloqueo de caminos. Cuando a una junta vecinal o a cualquier grupúsculo extraño se le antoja exigir algo, no encuentra vía más eficaz que hacer uso de explosivos e interrumpir el normal tráfico y la ruta de personas que absolutamente nada tienen que ver con sus demandas; no les interesa que los demás lleguen tarde al trabajo, a sus estudios, o si hay un ser desangrándose en una ambulancia... primero está su demanda, y que un periodista afanado pueda sacarlos en el noticiero, mucho más exitoso será si la transmisión se realiza en vivo y el camarógrafo está agitándolos.
Más de uno responderá o pensará "Si no te gusta entonces Santa Cruz, ¿por qué sigues aquí (acá)?". Pues permanezco aquí porque tengo el derecho de hacerlo y también tengo el derecho de cuestionar, manifestarme sobre las cosas buenas y malas que encuentro y tratar de cambiarlas. No es con halagos, ni "¡Vivas!", ni alabanzas a la tierra la manera en que se puede mejorar; es con crítica, con concientización, asumiendo las miserias para revertirlas, y profundizando todas las grandes cosas buenas que se pueda encontrar. Hay mucho que hacer, demasiado que adecentar con el tiempo, un puñado de individuos que aún se pueden salvar; una heroica labor a la que no se puede renunciar. Pero antes es necesario saber que éste no es el paraíso terrenal, es un lugar más en el globo, un lugar en el que nos tocó por las circunstancias vivir; y a otros, por circunstancias y el azar simplemente, nacer.


Nota: El publicar estas líneas en septiembre no es fruto de la casualidad. Del mismo modo, me reservo el derecho de continuar en lo posterior, con una posible segunda parte.
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