martes, 27 de julio de 2010

Avenida


9:25 pm. El tedio de lunes me arranca el bostezo de desahogo, desde el primer piso a través del corrompido ventanal observo el tráfico; autos que como artrópodos de metal llevan su carga siguiendo rutas marcadas con el blanco gastado de pinturas y de luces tricolores que se alternan en un vano intento por evitar caos.

Algo familiar me rememora los rumbos de este rincón de la ciudad, el viento que por aquí sopla arrastra una evocación gris. Por esa misma vía de los autos me veo a mí mismo un poco menos gastado por el tiempo y el mundo. Desde aquí me diviso. La ventana es pantalla que proyecta  la grabación del pasado. Me veo en esas noches de emoción, de furia urbana que me arrastraba a pensar que el mundo no se equivocaba tanto. También te veo a ti, un poco más difusa, sin tanta claridad, como si mi memoria no quisiera dibujarte con nitidez, o tal vez como una voluntad divina para confundirme.

Recuerdos… ¡Espacios de memoria guardados! Dañados algunos, incandescentes otros, engañosos la mayoría. Casi me pierdo entre ellos; es un banal ruido estruendoso el que me rescata de ahogarme en el río sulfúreo en el que navegan imágenes y sonidos de tiempos diferentes.

Me levanto, sin saber si volveré por estos lares, a cruzar esta avenida, a traspasar las barreras invisibles de estas calles, y perderme en el oscuro sortilegio que a esta ventana sucia controla.
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