miércoles, 20 de enero de 2010

Sobre los vientos de abril

"Las opciones políticas no deben ser un mero pobre reflejo de lo que somos como sociedad, sino una muestra de aquello que anhelamos ser."

Para nadie es sorpresa que luego de los desastrosos resultados electorales de Diciembre, el futuro del país es sombrío. Para los individuos en cuyas cabezas abunda la fantasía; dejo la ilusión de que los miembros, seguidores y funcionarios del Movimiento Al Socialismo, vayan a detener su frenesí destructivo, o que súbitamente tengan siquiera la delicadeza democrática de buscar acuerdos.

La amplia mayoría obtenida, por abismal que fuera, no permite, de ningún modo, servir de aval para atropellar los derechos de quienes no comulgamos con el nefasto régimen. Cedo en este momento ante la tentación de recordar las palabras de Ayn Rand: "Los derechos del individuo no están sujetos a votación pública, una mayoría no tiene el derecho de eliminar por votación los derechos de una minoría"

Ante lo poco esperanzador del panorama, debemos retornar a los caudales de nuestra memoria para evocar épocas de victoria en que la verdadera oposición emergía dignamente de las regiones. Como ciudadano activo en la democracia, y sobre todo como libre pensador, me encuentro en el pleno derecho de traer al recuerdo y cuestionar aquellas acciones opositoras que no estuvieron a la altura de las circunstancias acarreadas por el terrible enemigo llamado “Socialismo del Siglo XXI”.

El no aprender de los errores, siguiendo ciegamente sin cuestionar, y no teniendo un pensamiento verdaderamente crítico, sin duda representaría para nosotros la atroz continuidad de dos de los peores males de nuestra sociedad: el caudillismo y el conformismo. No es cuestionable que el gran rival es el MAS, pero ese argumento es sencillamente insuficiente para rediseñar nuestros destinos. Debemos mirar al pasado, tanto cercano como lejano, para poder desterrar todo aquello que ha vuelto obsecuentes, poco creativos y hasta desleales a algunos “líderes” encargados de enfrentar al detestable puño izquierdo que manda desde las alturas. 

Y es que muchos han caído en el error, de pensar que los partidos políticos, frentes, alianzas y agrupaciones, van bien encaminados siguiendo la desgastada cultura política criolla. Con sus males, estas opciones políticas no deben ser un mero pobre reflejo de lo que somos como sociedad, sino una muestra de aquello que anhelamos ser.  Vencer y convencer de otra forma, aún es posible, complicado, pero posible; no con simples estribillos de hinchada futbolera en campañas, ni con verbenas tóxicas, ni con fuego cruzado de demagogia entre candidatos, mucho menos con la miopía (y en algunos casos, ceguera) de actores políticos desgastados. La verdadera respuesta se encuentra de otra manera.

Vaticinar con precisión lo que ocurrirá en abril demanda gran complejidad, pero está por demás claro que cada ciudadano que se precie de ser opositor, debe estar preparado para soportar duras arremetidas por parte de quienes trágicamente ostentan el Poder nacional. El margen para los errores y  actuaciones tímidas de nuestra dirigencia ya es mínimo. De lograr mantener el control de un Poder regional, aquellos responsables deberán poner a prueba su capacidad, valor, moral y su idoneidad (si es que los tienen genuinamente).

Para cerrar estas líneas, sólo quiero expresar mi deseo para que los vientos de abril no vengan cargados de más desazón para nuestros libres y por demás alicaídos espíritus.
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