domingo, 30 de agosto de 2009

Con T de Trastorno

El recuerdo de las frases articuladas aún me ofusca, quizás es por eso que hoy te hablo directamente y en segunda persona...

Tus palabras y sus efectos en mí durante todo este tiempo han sabido ubicarse variadamente a lo largo y ancho del mapa de mis emociones y reacciones, atravesando la alegría, la tristeza, el enojo, siendo a veces peligrosamente conmovedoras o rayando a veces en mi indiferencia. Sin embargo en el cúmulo de mis sensaciones la última vez descubrí un efecto que no había sabido distinguir con anterioridad.

Y es que como todo individuo en algún momento en su paso por este a ratos tan lúgubre mundo, te posaste en un cuadro prácticamente fuera de la sensatez humana, pero la cercanía casi estatutaria que existe entre ambos magnificó las consecuencias. No es primera vez que ocurre, pero sí es la primera vez que lo idenfitico; dejaste a mi mente colgada con una aberración, mi excesiva perplejidad entonces se convirtió en molestia, pues no hallé una respuesta acorde sin caer en el tentador pozo del real enojo, y no es que desee ofenderte o burlarme, el mundo y tú saben bien que de eso ya no me quedan ganas.

La visión positiva de mi mente me insita a valorar que recordé algo importante con esta experiencia de forma indirecta, recordé algunas cosas sobre las palabras; que tu nombre, a diferencia del mío, se escribe con pocas y con peculiares letras; además que "error" se escribe con E de Enseñanza; que "perdón" se escribe con P de Paciencia; y que "TÚ" a veces, sólo a veces cuando te portas así, se escribe con T... de TRASTORNO.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Viéndote en un gastado momento




El entorno era rutinario, el color ladrillo de las mañanas había tratado durante años de atrofiar mi vista, los mundanales hábitos de la cotidianeidad empezaban a dejar su nociva marca, los lugares de parqueo y las salidas en calurosos transcursos del día se ocupaban de quemar gran parte de la esperanza, los horarios y las páginas de libros se entremezclaban, las enseñanzas de la vida y las "académicas" se encontraban atascadas en el tiempo y el espacio, recordándome que el mundo tiene cosas interesantes, pero también banales, y personas.

Las noches de ciudad y sus misterios ocultos me hicieron caer en cuenta de que sólo conocía una parte de ella, las distancias y los recorridos al volante me daban tiempo para cavilar y planear algún furtivo escape a otra realidad, escape que me dejaba con sabor a poco, con sabor a nada; la juerga ocasional era simple cuestión de horas, a veces no tan gratas. La sociedad y su imperfección ya habían movido en mi interior el deseo de irrumpir en un escenario diferente para la colosal y casi utópica tarea de cambiarla.

Te vi...

Con tu paso lento, con la calma que hasta ahora te caracteriza, esa que a veces me agrada y otras veces desespera, con tu silencio, con tu poca expresividad (con la que a veces tengo aún que lidiar), con los ojos claros, con la mente perdida, con el corazón misterioso, con el alma llena, con el miedo de los años, con la fuerza de los días.


Te vi...

Rayando cuadernos, sentada a mi lado, profiriendo palabras y risas por primera vez, y a los minutos nada más partiendo del lugar, hacia cada vez diferentes, variados y lejanos destinos.


Te vi...


Resaltaste entre la multitud con un gesto peculiar, mis palabras en ese momento no importan ahora, casi ya ni las recuerdo y posiblemente no hayan sido las más apropiadas, como demostrando una vez más que hay ocasiones en que no pienso todo lo que digo y mucho menos digo todo lo que pienso.


Te vi...


Y al verte el universo no se detuvo, ni las estrellas brillaron más fuerte, ni el cielo se abrió, tampoco se hizo primavera, ni se me ocurrió pensar que mi vida iba a cambiar, no sucedió ninguna de aquellas cosas que la poesía ha sabido trazar para un momento de esos llamados "flechazos" (no en ese instante).


Pero ahí estabas... sin siquiera buscarte, ahí estabas.


Y en ese largo segundo límite de mi existencia... te vi.



Andrés Canseco - Leandro Sos
.