domingo, 21 de junio de 2009

Aroma a insuficiente...





No tengo un escudo contra los males del mundo,
ni una espada para acabar con el dragón de mis temores,
ni un mapa que me muestre la ubicación de un gran tesoro
tampoco una brújula que pueda intentar guiar mi rumbo.

No encuentro aquella puerta que se abre de par en par,
ni siquiera el timbre para que en un arrebato lo pueda tocar,
no consigo una escalera para subir al tejado más alto y encontrar una estrella
y ni siquiera una ventana lo bastante grande para poder verla.

No tengo una regla para medir el tamaño de mis fallos,
no tengo un compás para trazar mis círculos de autocontrol,
ni siquiera una goma para borrar algunos de mis actos,
mucho menos unos crayones que pinten el verdadero color de los años.


No hallo un hospital donde pueda curar todas mis heridas,
tampoco un juzgado para que yo denuncie las ofensas de este mundo moderno,
no tengo una escuela en que pueda aprender de mis errores,
ni una cárcel para encerrar esos antiguos (pero todavía vigentes) extraños tormentos.

No consigo una almohada que durante la noche me de las respuestas,
no tengo una cama que permita a mi alma acostarse un largo instante,
no encuentro para guardar todos mis recuerdos un armario lo bastante grande,
y tampoco un espejo que me cuente lo que hay del otro lado.

No hallo la canción cuyas notas armonicen mis acciones,
ni el poema que describa el verdadero sentido y dimensión de un simple beso,
ni el libro que me diga cómo evitar un absurdo y tonto momento de enojo sin sentido,
ni la pintura en que pueda plasmarse esta loca imagen llamada realidad.

No encuentro un microchip que almacene y organice mis pensamientos,
ni una PC que me comunique con lo más profundo de mi mismo,
no tengo un GPS que me diga dónde quedó aquella olvidada parte de mi corazón,
menos un DVD en que haya podido guardar los momentos más sublimes del ayer.

No tengo unos ojos que me hagan ver a través de ti,
ni tengo unas manos que construyan fácilmente un mañana mejor,
no tengo unos oidos que descifren lo que de verdad un día quisiste decir
ni unos labios que pronuncien las palabras que necesitas escuchar hoy.

No puedo inventar una máquina que me permita viajar al pasado,
ni un telescopio tan potente que me deje ver el futuro,
tampoco un hechizo potteriano para poder aparecer en otro sitio,
y creo que a estos últimos tres ni siquiera los quiero.

No tengo, ni encuentro, ni puedo hacer muchas cosas en esta vida,
algunas las dejé de buscar,
otras aún me inspiran esperanza, aunque muy difusa,
otras no las deseo siquiera.


Sin embargo hay tantas otras que sí tengo, y por las cuales doy gracias,
que quizá en alguno de esos instantes me pueden confundir,
y son ésas cosas (que tengo y no tengo) las que hacen que me considere un SER,
que lentamente se vuelve día tras día un poco más... HUMANO.

ANDRES CANSECO 

viernes, 12 de junio de 2009

Ad náuseam (*)


Desde hace un tiempo en nuestra sociedad nos hemos acostumbrado a pasar por alto muchos sucesos de distintos tipos, en algunos casos por su poca trascendencia, en otros por la excesiva parsimonia física y mental que ha contaminado el contexto social.

Sin embargo el día de hoy asumo la pequeña pero necesaria tarea, y me detengo por unos minutos a reflexionar sobre la bajeza que se ha alcanzado en el manejo de nuestra Bolivia, para comprender cómo la mezquindad, la ordinariez, el barato populismo, la marcada incompetencia, la deplorable violencia, han mellado los valores más altos.

Debo admitir, que por distintos factores en algún momento no fui del todo consciente de los primeros trazados de este triste y nefasto dibujo que sobre nuestra realidad han plasmado.

Pasarían las semanas, meses y años, de esta forma, gradualmente encontré una mínima lectura racional de las circunstancias. En primera instancia sentí incomodidad por el tan famoso "proceso de cambio" y lo que éste englobaba, posteriormente las agresiones, los atropellos, me inquietaron tanto que sentí enojo contra los actores que desde el Poder abusan de su temporal posición y destruyen las, de por sí frágiles, bases del Estado. Pero también sentí enojo contra aquellos que en determinado momento no supieron detener con firmeza este frenesí desbocado de odio, incapacidad y estupidez.

Finalmente (y sin haber podido superar del todo las anteriores etapas) me encuentro enfrascado en un espacio en el que el cinismo, la bajeza, la hipocresía, la ineptidud, la mediocridad, la tozudez y la vulgaridad en los actos del gobierno central, me provocan ya repulsión.

Es vomitivo ver Canal 7, es nauseabundo ver a una gigantesca plétora de individuos aclamando y hasta venerando a un ser que, con el puño izquierdo en alto, no es más que la representación del odio, del revanchismo, del terror disfrazado de democracia.

Es repulsivo ver y escuchar a los Ministros en sus declaraciones mentirosas.

Es triste y asqueroso presenciar cómo se inventa y reinventa tramas de película para poder perseguir a quienes nos atrevemos a pensar de forma diferente y, sin dudarlo un instante, nos oponemos a que este sistema nefasto se imponga en Bolivia.

Como estudiante de leyes, es desesperantemente sucio tener que ver la manera en que se vulneran derechos y garantías fundamentales a diario, con la complicidad y ayuda de una tropa de ignorantes nacionales y extranjeros.

No pretendo convencer a grandes grupos, ni dar una explicación para esta tan particular forma de ver las cosas que tengo esta noche, sólo busco emitir y expulsar a través de las letras el tan profundo desagrado que siento por culpa de ésos, los que temporalmente se encuentran gobernando nuestro país. No hay una profunda construcción mental, ni un profundo análisis filosófico - político - jurídico, en estas líneas únicamente hay un grito desesperado de repulsión por nuestra triste y nauseabunda realidad nacional.



(*)Ad náuseam: Loc. Lat.; literalmente, 'hasta la náusea'



Andrés Canseco G.
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