viernes, 4 de julio de 2008

Ese minúsculo instante enorme para respirar


"Ahora me parece que hubiera vivido un caudal de siglos por viejos caminos"
(Silvio Rodríguez)








Y así pasó junio, un junio más que se guardará en las pasadas y amarillentas páginas de los meses ya gastados de la vida.

Entre caos interior y exterior nos deja Junio con sus días como agujas, cada uno tan liviano como roca, tan pesado como pluma, tan frío como escarcha y casí, casí tan loco como el autor de estas líneas.

El viejo sendero de este mes queda demarcado, lejos de aquellos perdidos y ya por demás recorridos callejones de mi mente por los que algún día anduvieron las vivencias y locuras.

Los viejos y nuevos pesares irán mermando hasta convertirse en sólo recuerdos de una memoria que empieza a fallar, que empieza a olvidar (a fallar intencionalmente, que deja de recordar porque ya no quiere hacerlo)

Escapando del soñar, soñando escapar... de un pasado que se mezcla con futuro y que se convierte en nomás que una encrucijada loca que extrañamente se me hace un poco familiar.

Así pasó Junio...

Entre calles y avenidas, por plazas y parques, entre bocinas y luces, entre lugares perdidos desconocidos pude volar sólo buscando un refulgor que atraiga un poco de libertad.

Y que estas palabras no confundan a quien las lee, pues no es ni tristeza ni desperanza lo que corre a través de estas lineas, es un poco de nostalgia quizá, de esa nostalgia que suele acompañar mi café en las frías mañanas de invierno y que me da ese minúsculo instante enorme para respirar.

Solamente es eso... nada más.


Andrés Canseco G.
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